Rock de acá ...!!
Coki de Bernardi es la cabeza visible de COKI & THE KILLER BURRITOS, una de las bandas rosarinas que mejor suena. Se da el lujo de juntar en el escenario a tipos como Fito Páez y Daniel Melingo. Después de haber agotado la primera edición de Mi Parrillada, salió con Un Millón de Dólares. Un personaje de la cultura rock local.
Por Julián Malta.
Zapatillas verdes –sin medias-, pantalón negro, sobretodo beige, y gorro verde. Un portafolios colgando de su hombro izquierdo, se balancea tranquilo al ritmo de sus pasos. El cielo, que estuvo amenazando durante todo el día, se decidió por fin a amargarle el rato a la mayoría de los transeúntes del centro rosarino, con una lluvia suave y persistente. Se ajustó un poco mas el cuello del sobretodo y siguió caminando –como antes- entre las corridas de quienes buscaban dónde refugiarse de la lluvia. Solo se detuvo cuando lo llamé para pedirle ésta entrevista...
“...Le puse Coki & The Killer Burritos porque como no tenía banda y guardaba algunos temas por ahí...(¿)...además, no quería aparecer con mi nombre y apellido, entonces le mandé el apodo”.
Coki es César De Bernardi; músico, oriundo de Cañada de Gómez, devenido en rosarino. Hiperkinético, flaco y de movimientos eléctricos.
“Por ser una banda nueva, chica, nos han sucedido cosas buenas”, dice. Y tiene razón. Las cosas le han salido realmente bien: Mi Parrillada, el álbum debut de la banda, agotó la primera edición y se editó en Panamá, Chile, Colombia y España.
En su momento, la presentación del material tuvo más de un escenario. Una lista que incluye un interesante número de bares y teatros rosarinos, el Hard Rock Café de Buenos Aires y, por si fuera poco, una vueltita por España.
-“Recuerdo que tocamos en Madrid, en un pub; después en un festival de música independiente –en Vich- y cerramos con seis salas en Barcelona”.
-¿Cómo llegaron hasta allá?
-“Por contactos, a través de la compañía. Habían escuchado el disco, les había gustado y surgió éste festival de sellos independientes, entonces fuimos a tocar”.
La idea de mostrar Mi Parrillada en los países de Latinoamérica dónde fue editado, está presente: “lo que pasa es que no somos un grupo muy fuerte todavía, ni siquiera muy conocido”, reconoce.
Los Killer Burritos no es la primera banda de Coki. Empezó con el Rock and Roll en su Cañada natal “con algunos compañeros de la secundaria, más chicos que yo”. “Pedía prestada una guitarra, pasaba por la sala donde ensayaban y les hinchaba las pelotas para que me dejaran tocar. Al final, terminamos armando una banda y fue al revés: yo pasando los temas y un poco, como agarrando la manija”.
La banda se llamaba Gamexane y luego mutaría en Punto G, época en que llegarían el reconocimiento popular y los discos.
“Desde Punto G empezamos a tomarnos las cosas un poco más en serio. Después me vine a Rosario a estudiar bellas Artes e hicimos algunos conciertos”.
“Recuerdo cuando nos anotamos en el concurso Pre-Chateau, solamente por las ganas de tocar. Y nos salió bien, ganamos el premio: una actuación en el estadio cordobés y la grabación de un disco”. Así nació Todo lo que acaba se vuelve insoportable, el primero de la banda. Pronto vendrían Punto G que incluía los superdifundidos Baila, Duro, Duro y El último salva a todos.
“Después de ése disco cada cual siguió su camino. Yo formé un par de grupos que no tuvieron demasiada importancia para llegar a darle forma a esto que son hoy Los Killer Burritos”, concluye.

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